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Bora Bora Un Paraiso Sobrenatural

Situada 270 km al noroeste de Tahití, Bora Bora, la perla del Pacífico cuenta sin duda con la laguna más bonita del mundo. Bora Bora, o Porapora en su origen o también Pōpora, su nombre suena como una promesa, la del descubrimiento del paraíso terrestre con el que se asocia a la más conocida de las islas polinesias. Hay que reconocer que tanto su silueta como la laguna de Bora Bora son de una belleza insolente, casi sobrenatural, y ejercen en el visitante una atracción casi mística.

Esta isla es pequeña, 30 kilómetros cuadrados aproximadamente de territorio, y desde que llegamos al aeropuerto vemos la laguna y la isla principal al frente, con el monte Otemanu que con sus 727 metros es el punto más alto. La isla está rodeada de “motus”, pequeños islotes alargados que suelen tener cierta anchura y vegetación. Uno de los más bellos y fotografiados de la Polinesia es el Motu Tapu. Desde Bora Bora se pueden observar las cercanas islas de Tahaa, Raiatea y Maupiti.

Dentro de la laguna, que podremos recorrer en canoa, en barcos con fondo de cristal, a nado o buceando, hay varios islotes. Los deportes acuáticos son la estrella de las actividades. También podemos disfrutar de las puestas de sol desde un katamarán, o escoger para descansar alguna de las playas de Bora Bora, como Playa Matira al sur de la isla, la más famosa, caracterizada por sus arenas blancas y sus aguas tibias y poco profundas.

​Hacia el noroeste, el famoso y magnífico atolón aislado con forma de corazón, Tupai, ofrece una experiencia de buceo totalmente distinta. Este pequeño refugio de descanso, lejos del turismo y la multitud es un punto obligado de encuentro con la migración de ballenas de agosto a octubre.Hay peces payaso, peces trompeta, escáridos, anguilas morenas, pejepuercos, tiburones limón, tiburones grises, tiburones de arrecife, rayas águila, manta rayas, peces Napoleón y muchas otras especies.

Vaitape es el principal pueblo de Bora Bora, donde podemos visitar el centro artesanal, o la tumba de Alain Gerbault, un famoso navegante que dio la vuelta al mundo en solitario en 1929. Podemos visitar los pueblos cercanos de Faaniu y Anau, donde también encontraremos todo tipo de artesanías polinésicas como lo son los pareos de colores, joyas de piedras y maderas, esculturas y el aceite de Monoi.

Si quieres conocer el interior de la isla y sus montes puedes hacerlo a pie. Una vez aquí es obligatorio llegar al Monte Pahia, de 619 metros de altura. Es un recorrido de tres horas, aproximadamente, pero al llegar a la cima te deslumbrarás con la vista del panorama y olvidarás el cansancio.

Una de las gratas sorpresas en este bello lugar es la calidad de las comidas. Es sorprendente no sólo la variedad de sabores y estilos (tahitiana, francesa, china, japonesa, internacional), sino también las distintas formas de presentarlas y servirlas. Restaurantes atendidos por mujeres con flores en el cabello, desayunos traídos hasta la habitación en piragua, mesas instaladas en el mar… detalles que convierten el comer en una experiencia exótica y singular.

Las frutas tropicales abundan por doquier. Tal vez los melones y sandías no sean tan sabrosos, pero difícilmente hallará mejores mangos, pomelos y ananás. Y no nos olvidemos de las bebidas, los deliciosos cócteles como el maitai (mezcla de rones, piña fresca y Cointreau) y el Banana Coralia (plátanos frescos, zumo de limón, almíbar de fresa y nuez de coco).

Oasis de paz y de refinamiento, Abundan los hoteles de lujo, con bungalows de estilo polinesio edificados sobre las aguas de la laguna en los que el desayuno puede llegar a bordo de una canoa. El concepto del bungalow sobre pilotes es  algo que no hay que perderse. Desde estas habitaciones, suites o mansiones situadas sobre la superficie del agua, el visitante se extasía ante los colores de la laguna y las increíbles puestas de sol. Diseñados y construidos a partir de un ambiente de estilo polinesio. Estos espacios suelen aprovechar el entorno nativo, integrándose, dentro de lo que cabe, en el paisaje además de ofrecer un espacio amplio y armonioso con acceso directo a la laguna, situada justo debajo: ¡son verdaderos nidos para descansar y relajarse!

Bora Bora es uno de esos destinos exóticos que aún se puede visitar con la sensación de estar en otro mundo. Famosos, soñadores y parejas de enamorados eligen la mítica Bora Bora como destino romántico de predilección por su marco lleno de encanto, su fauna y su flora tropical, su agradable estilo de vida, pero también por la discreción natural de sus habitantes.

Mundocaribe

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